El encierro de las bestias
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About This Book
Es la historia de la monótona vida de unos colocadores de cercas para ganado que trabajan para una empresa escocesa. Ellos, dos jóvenes desarrapados y descuidados escoceses y un encargado inglés, se van moviendo por diferentes lugares haciendo su trabajo, hasta que les encargan un trabajo en un pueblo del sur, en Inglaterra. Allí les tocará colocar la cerca en un pueblo aburrido, donde beber cerveza, gastando todo su dinero, y mirar las pocas chicas que se mueven por los pubs, es su única forma de vida ajena al trabajo; iba a decir diversión, pero no sería la palabra correcta, porque ellos se movían por impulsos rudimentarios: comer, fumar, beber, trabajar, volver a beber y dormir. No ganaban para vivir y, tampoco, vivían para ganar. La rueda giraba inalterable todos los días, iguales hasta en lo distinto: así, la muerte les irá acompañando por sus trabajos de una manera inconsciente, casi inalterable, como si fuera la razón de la existencia, o, al menos, algo inherente a la labor que les ha sido encomendada.
Desde los tres protagonistas, hasta la legión de personajes que aparecen en sus aledaños, todos, tendrán una manera de mirar al mundo casi circunspecta, grave, a la manera de un Buster Keaton moderno, al que la vida no parece ni rozarle, y, si lo hace, no afectará a su ánimo ni a su templanza. Las más graves o las mas tontas de las circunstancias no tienen diferencia, asaltan sus dudas de la misma manera: es lo mismo un corcho en el suelo que un cadáver en el patio. Por lo tanto, la única conclusión posible que da esta descripción del libro, sí, es que es un festín de humor negro, oscuro como la boca abierta de un muerto, como la noche inglesa cuando cierran los pubs y se acaba el mundo. Toneladas de mal genio abarrotan los textos, hasta la vulgar mirada de un perro o la palabra intencionadamente inocente del escritor remite, más tarde, a una imagen o situación que no se espera. La totalidad del libro es, en realidad, una patada en el culo de la condición británica de ver el mundo, de pasear sus miserias, de sus trabajos mal pagados, de sus relaciones personales vacías, de sus mundos aburridos. ¿Condición solo británica? Pues no... la globalización nos lleva, como borregos hacia el matadero, hacia el interior de las cercas electrificadas para bestias que van apareciendo; sean con forma de televisión, de periódico, de bar, de campo de fútbol, de música cenicienta, de sueldos flacos, de pan, agua y circo.
Como un sueño tras una noche de desenfreno de alcohol, esas que el vapor etílico de tu propio sudor todavía emborracha, ese que es víspera de una resaca pastosa; este libro es una pesadilla de las que repites tu vida, una y otra vez, pero, en las pequeñas cosas, en las más nimias, es donde vas a descubrir la realidad de tu vida, la interpretación de tus comportamientos, el resultado final de lo que has hecho. Leer este libro acechando cada detalle, hasta el que te parezca inservible, es la manera de adentrarte en la historia que cuenta, conocer todos los matices, los dobles sentidos, y comprender todas sus maledicencias para con sus personajes. Para, en pocas palabras, reírte de todos y de todo.
Desde los tres protagonistas, hasta la legión de personajes que aparecen en sus aledaños, todos, tendrán una manera de mirar al mundo casi circunspecta, grave, a la manera de un Buster Keaton moderno, al que la vida no parece ni rozarle, y, si lo hace, no afectará a su ánimo ni a su templanza. Las más graves o las mas tontas de las circunstancias no tienen diferencia, asaltan sus dudas de la misma manera: es lo mismo un corcho en el suelo que un cadáver en el patio. Por lo tanto, la única conclusión posible que da esta descripción del libro, sí, es que es un festín de humor negro, oscuro como la boca abierta de un muerto, como la noche inglesa cuando cierran los pubs y se acaba el mundo. Toneladas de mal genio abarrotan los textos, hasta la vulgar mirada de un perro o la palabra intencionadamente inocente del escritor remite, más tarde, a una imagen o situación que no se espera. La totalidad del libro es, en realidad, una patada en el culo de la condición británica de ver el mundo, de pasear sus miserias, de sus trabajos mal pagados, de sus relaciones personales vacías, de sus mundos aburridos. ¿Condición solo británica? Pues no... la globalización nos lleva, como borregos hacia el matadero, hacia el interior de las cercas electrificadas para bestias que van apareciendo; sean con forma de televisión, de periódico, de bar, de campo de fútbol, de música cenicienta, de sueldos flacos, de pan, agua y circo.
Como un sueño tras una noche de desenfreno de alcohol, esas que el vapor etílico de tu propio sudor todavía emborracha, ese que es víspera de una resaca pastosa; este libro es una pesadilla de las que repites tu vida, una y otra vez, pero, en las pequeñas cosas, en las más nimias, es donde vas a descubrir la realidad de tu vida, la interpretación de tus comportamientos, el resultado final de lo que has hecho. Leer este libro acechando cada detalle, hasta el que te parezca inservible, es la manera de adentrarte en la historia que cuenta, conocer todos los matices, los dobles sentidos, y comprender todas sus maledicencias para con sus personajes. Para, en pocas palabras, reírte de todos y de todo.
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