Licantropia

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169 pages 2005

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SOLSTICIO AL AMANECER

es el agua que se anuda en mi mano y se escapa entre mis dedos
puedo, sin querer, aplastarla acariciándome las plumas de las manos
aunque la actitud no sea de vuelo ni la infancia de un transeúnte
llevo la muerte ante la intermitencia de los días, en especial de éste
que me invita a recorrerla pleno sin esquinas ni suaves esponsorios
nada me ata al mundo sino la ausencia permanente de los días

mañana esa palabra frágil e intransitable será el inenarrable hoy
el viento que quiero alisar las nubes satinadas con la lluvia húmeda
los párpados son el poniente entrecerrado donde se dibuja todo
es el agua, nieve líquida, vapor frío, lagrimas de no se dónde
camino agazapado entre las trasluces que enmarcan tu perfil
donde cada maniobra ondulante puede robar el rubor de la noche

es el rumor que inventa todos los sonidos donde cabrán tus palabras
para darle un aire que siendo un sueño simule ser una serpiente clara
en la garganta profunda y oscura donde los rupestres pájaros habitaban
los árboles coposos abriendo recovecos en el aire transparente
quien pudiera llamar ventisquero de miel a esa boca llena de besos
naufragio de vida a esa porción de muchedumbre que no eres

y no sé qué decirle a esa montaña azul allí en las grises peñas
apretar el gatillo detrás de la tormenta, darle humedad a la tierra
aislar la tenue sombra que cobija un caminar por las sendas
ser la impermeable y azarosa inquietud donde todo llueve hacia dentro
venir sin retraso al amanecer del que no formas parte ni eres pasajero
liviano zarcillo del aire, sonrisa del viento, pasadizo quebrado al sol


ARCÁNGEL

presiento un atisbo de ternura en el giro de tus ojos
que pasea la luna como a un río claro e infinito
es esa la sonrisa que abraza a la brisa delgada
y con ella, sin querer, a quien se acerca y la toma
ángel a quien el sempiterno amor de sus hijas
ha desterrado con caricias toda forma de olvido
aquella penosa pena tornada en frescas flores
esa nostalgia vestida de canciones serenas

te nombran de súbito como si apenas hubieras
traspasado el quicio hace apenas unos segundos
como si tu sombra clara haya adelgazado las puertas
como si el tiempo roto sólo fuera un amalgama

de paz, presencia eterna y apaciguada en el instante
ángel cristalino que iluminaste fresca mi niñez
reconozco tu voz allá donde mi alma plácida se baña
de luz, de inenarrable alegría por lo desconocido

ese vacío que dejaste se pobló de infinitos jardines
de la fragancia indudable de todos los amaneceres
no te mueves, apenas se detiene tu sombra clara
camina y vuela circular por todos los rincones

la noche que debiera terminar en un quieto silencio
apenas despierta niña en el árbol del patio verde
ángel sin vejez ni huellas, devasta todos mis temores
haz florecer mis silencios de modo que no existan

en el tiempo ninguno de esos cayados llamados huesos
blancos como las nubes, sesgados como las huellas
sonríe otra vez y deja correr el agua por los dedos
para que al inundar tu voz en la distancia, llueva

esa elegancia serena y ese aire compartido que camina
por estas calles polvorientas que invade los rincones
rumorosos que ya no hablan sino es contigo
ángel bajo la vista y al cerrar los ojos te veo

adorado hombre, padre de mi madre
guardián de mi casa, caricia nuestra
espejo invisible donde no veo sino luces
cuyas letras acarician toda mirada triste


TIERRA NIÑA

niña, tu voz se recuesta en las hojas, a mi lado
yo de ti, ni sombra quieta mis bordes resbalaban
oculto de perfil en la sonrisa pegada a las flores
como la luz liquida se recuesta en el camino
a beber el agua que se le ofrece en el cierzo;
conversar con lo transparente de los desamparos
levantar las manos abiertas y mirar con esperanza
todo lo que está arriba y está de abajo encima
hallar un nido habitado por las nubes acuareladas
de rojo escarlata y márgenes de azul cobalto
que emerge como un hielo candente trozado
en hilos tan delgados que no se siente su lluvia

niña, cada paso que das por el sendero pedregoso
¿debo imaginarte como un arcoiris revoloteante?
o simplemente sonreír y mirar el horizonte gris
espuma o arena simulando ser un rocío claro
¿a donde se dirige esa ave sumergida en el agua?
que repta acariciadora por la arcilla salpicada
que ruge suavemente como un felino aletargado
que crece con lentitud de árbol en los intersticios
del aire, mariposa en cautiverio cuyas alas de seda
pulverizadas en la lluvia tiñen de nácar la humedad
alada, arrebozada en la niebla, da sesgo a las montañas
niña, si existieras, debieras de ser el portal de todo


TODA PIEL

Esa piel que te cubre es un completo mapa de la vida
cada uno de sus detalles, visibles o invisibles
está escrito en alguno de sus recovecos
todo cupo en ella y todo cabe en sus tersuras
y en sus pliegues nada se oculta sino una sombra
carece de bordes y nada sonará en su permeabilidad
respirando por sus cientos de miles de orificios invisibles
acepta cualquier atuendo, disfraz o disimulo, habla
por si misma, vibra como una tesada colina y palpa
la lluvia, el frío o el insomnio, nada le place menos
que ser acariciada y navegar en el vértigo o la sonrisa
se multiplica en cada gesto y es el escenario de todo
caminar, volar o comprimirse en toda lágrima transparente
acude pasiva a cada cita, busca la sobreposición de otras pieles
mariposa, ejerce en sus miles de colores una posición
de nube, arena, viento o remolino, se torna lívida al ser
cubierta por la timidez, la hipocresía o la simple desnudez
esa piel confusa, siempre niña, que nos permite parecer
todo lo misterioso, despejado o apacible que no somos

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