De la nostalgia
24 min read
Rate this book:
About This Book
DE LA NOSTALGIA
Dámaso Ogaz (1983)
Una existencia en el oleaje, tal la del náufrago que va empalmando sus brazadas en el aire, asido a las ramas de la infancia, de la juventud y la madurez, trepidado por los ecos de las cosas, seres y paisajes desdibujados, olorosos a tristeza, conforma esta atmósfera que invita, a través de un estilo cristalinamente descriptivo, a sumergirse en ese mundo lírico, pero no por ello menos brumoso y angustiado, que es el De la nostalgia.
Poesía ésta, la de Antonio Pérez Carmona, nacida de su soledad y de los elementos vivenciales como un enfrentamiento a la vida para esculpir el mensaje, nada órfico ni onírico, sino profundamente personal en lo circundante, triturado lentamente por la melancolía y la muerte.
En un lenguaje alado y denso a la vez, el poeta va englobando o tejiendo el levantamiento catastral de los aluviones que a ras de su niñez hasta hoy, están depositados en su memoria, en las concavidades misteriosas de su ser.
Y desde los bosques, el pozo, la noche, el contacto estremecedor con la pequeña ciudad, el conocimiento trágico de los grandes poetas y las oraciones a los amigos fugados al inmenso reino, se respira en este hermoso libro, una especie de vaho luctuoso, que como las fragancias nocturnas, aprisiona al lector.
Seguros estamos del magnífico reconocimiento que en el ámbito nacional obtendrá de parte de la crítica calificada, esta bella y auténtica obra poética De la Nostalgia.
...
POEMAS
EL VIOLINISTA
A Ramón Pérez,
mi padre.
No sé qué suave mezcla de árboles y estrellas
flotaba en aquel bosque,
que hoy, como crótalo de infancia
perturba mi memoria.
Desconozco ese paisaje de témpanos y vocales
navegando a piel de agua,
pero no puedo exiliar el reino de relámpagos
donde el extraño violinista abría doradas sendas
para sepultar la tristeza de la tarde.
Aún en este tiempo de horóscopos y viajes
de lluvias, sonidos y colores,
mis ojos como marchitas pasionarias en las sienes,
continúan aferrados tras la marcha nupcial
de ese remoto esplendor de pájaros y flores.
...
EL POETA
A Julio Sánchez Vivas (+)
Lejano huésped de mi sangre infantil
que abrías soñadas rutas
en aquel universo de bosques y fragancias.
Inclinados aún yacemos sobre la comarca de antaño
poblada de abisinias y lirios de la noche,
donde tú, amado poeta, desterrabas al demonio.
Cuántas vueltas ha dado la rueda
y en las piedras y el musgo
flotan las notas de un país extraño
que nuestros ojos exiliados no pueden contemplar.
Oh caballero de ojos aguamarina
que nos sumías en el reino de la lluvia,
con los príncipes de la belleza,
esos que desaparecieron antes de los treinta años,
como los jardines en flor,
que nos hablabas del viaje sin retorno de Shelley
para asistir al aniversario de John Keats,
que unías el luto de Novalis, la soledad de Lautréamont
y la tristeza de los aedas malditos.
Lejano huésped de mi sangre infantil
los poetas se atan en la vida y en la muerte.
...
RETORNO DE LA IMAGEN
En el génesis del invierno conocí tu partida.
Fue en el comienzo de los grandes viajes nocturnos
cuando las aves eran las portadoras del tiempo.
Entonces invoqué: tus promesas, tus besos;
los paseos en el parque bajo el sol de noviembre,
las largas travesías al fondo de la noche,
los retornos felices a los días de mi infancia.
A la hora del bosque robaba tu sonrisa
cuando los grandes árboles retaban las estrellas.
¿Recuerdas? Era el tiempo de nuestra adolescencia
y estábamos signados de inocentes presagios.
Ahora la distancia me consume en historias,
en cartas empolvadas de relatos antiguos
que suelo contemplar a solas con la noche.
...
HELEN
Cuando el sol ha madurado
y las esbeltas mujeres están teñidas de oro
y los pájaros dejan silbidos de tristeza,
entonces, Helen, no me queda otro pensamiento sino en ti.
Helen, la joven muerta en el desfile de los primeros vientos del invierno
y en el instante en que sobre las altas colinas rezaban los pájaros de octubre.
Helen, capaz de formar con el sol y la lluvia los más bellos dibujos infantiles,
de raptarse las nubes
y tender el arco iris sobre el mar.
Su manto de nostalgia cubría todos los rincones de la tierra,
golpeaba a las parejas de enamorados en los parques,
anunciaba suntuosamente las maravillas del sur,
erguida, como las aves que cruzan el horizonte y sonríen ante los extraños cielos.
Ahora, Helen, en medio de esta soledad que huele a sangre,
no me queda otro pensamiento sino en ti.
Pienso tanto.
En tu boca de paloma desangrada,
en tus ojos que hablaban con profunda timidez,
en tu talle de flor adolescente.
Pienso tanto, Helen, que quisiera cubrirme con el manto de nuestros antiguos tiempos.
....
ANIVERSARIOS
He cumplido tantos años
que cargo siglos sobre mis espaldas.
Me da tristeza recordar estos aniversarios, pues mi corazón en cualquier momento se paralizará como el de aquel robusto caballo que murió el verano pasado.
He cumplido tantos años, que guardo el esplendor y el ocaso de la vida,
la nostalgia y la alegría de este efímero tránsito frente al alba y las estrellas.
Sin embargo tengo a Helen y Alix, testimonios melancólicos adheridos como costras milenarias.
Helen, la pequeña adolescente, muerta cuando llegaban los primeros vientos del invierno.
Alix, el amor que siempre me acompaña aún en las soledades infernales.
He cumplido tantos años
que sólo me resta guarecerme en las memorias y en las hebras de la infancia,
asistiendo en estos aniversarios a mis propios funerales.
...
ETERNA SOLEDAD
Sólo los muertos están en la soledad, tristes y olorosos a polvo,
en medio de un jardín antiguo cubierto de leyendas.
Sólo ellos están escuchando la amarga canción del tiempo
mientras en la tierra transcurre amor, nostalgia, ausencia.
La lluvia nos trae sus rostros dulces y lejanos,
perdidos en la memoria, en la distancia de los días,
esos muertos misteriosos que nos rodean:
muertos afables, hundidos en el silencio de las cosas.
Estamos en la tierra, estamos en el cielo, estamos en el tiempo.
Estamos penetrando a cada instante al reino de los muertos.
Somos los hombres que echamos una mirada al pasado,
allí donde el oleaje escribió bellas historias,
allí donde el corazón fue amor, paz;
donde únicamente hubo ternura para conquistar al mundo.
Ellos fueron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos.
Había resplandor y nostalgia en sus ojos,
Los muertos que duermen olorosos a polvo,
ocultos en la ciudad de la tristeza.
Como homenaje tierno hay una canción hermosa,
el réquiem del silencio en nieblas melancólicas,
el brindis del insomnio atrapando sus voces,
los muertos solitarios olorosos a polvo.
Dámaso Ogaz (1983)
Una existencia en el oleaje, tal la del náufrago que va empalmando sus brazadas en el aire, asido a las ramas de la infancia, de la juventud y la madurez, trepidado por los ecos de las cosas, seres y paisajes desdibujados, olorosos a tristeza, conforma esta atmósfera que invita, a través de un estilo cristalinamente descriptivo, a sumergirse en ese mundo lírico, pero no por ello menos brumoso y angustiado, que es el De la nostalgia.
Poesía ésta, la de Antonio Pérez Carmona, nacida de su soledad y de los elementos vivenciales como un enfrentamiento a la vida para esculpir el mensaje, nada órfico ni onírico, sino profundamente personal en lo circundante, triturado lentamente por la melancolía y la muerte.
En un lenguaje alado y denso a la vez, el poeta va englobando o tejiendo el levantamiento catastral de los aluviones que a ras de su niñez hasta hoy, están depositados en su memoria, en las concavidades misteriosas de su ser.
Y desde los bosques, el pozo, la noche, el contacto estremecedor con la pequeña ciudad, el conocimiento trágico de los grandes poetas y las oraciones a los amigos fugados al inmenso reino, se respira en este hermoso libro, una especie de vaho luctuoso, que como las fragancias nocturnas, aprisiona al lector.
Seguros estamos del magnífico reconocimiento que en el ámbito nacional obtendrá de parte de la crítica calificada, esta bella y auténtica obra poética De la Nostalgia.
...
POEMAS
EL VIOLINISTA
A Ramón Pérez,
mi padre.
No sé qué suave mezcla de árboles y estrellas
flotaba en aquel bosque,
que hoy, como crótalo de infancia
perturba mi memoria.
Desconozco ese paisaje de témpanos y vocales
navegando a piel de agua,
pero no puedo exiliar el reino de relámpagos
donde el extraño violinista abría doradas sendas
para sepultar la tristeza de la tarde.
Aún en este tiempo de horóscopos y viajes
de lluvias, sonidos y colores,
mis ojos como marchitas pasionarias en las sienes,
continúan aferrados tras la marcha nupcial
de ese remoto esplendor de pájaros y flores.
...
EL POETA
A Julio Sánchez Vivas (+)
Lejano huésped de mi sangre infantil
que abrías soñadas rutas
en aquel universo de bosques y fragancias.
Inclinados aún yacemos sobre la comarca de antaño
poblada de abisinias y lirios de la noche,
donde tú, amado poeta, desterrabas al demonio.
Cuántas vueltas ha dado la rueda
y en las piedras y el musgo
flotan las notas de un país extraño
que nuestros ojos exiliados no pueden contemplar.
Oh caballero de ojos aguamarina
que nos sumías en el reino de la lluvia,
con los príncipes de la belleza,
esos que desaparecieron antes de los treinta años,
como los jardines en flor,
que nos hablabas del viaje sin retorno de Shelley
para asistir al aniversario de John Keats,
que unías el luto de Novalis, la soledad de Lautréamont
y la tristeza de los aedas malditos.
Lejano huésped de mi sangre infantil
los poetas se atan en la vida y en la muerte.
...
RETORNO DE LA IMAGEN
En el génesis del invierno conocí tu partida.
Fue en el comienzo de los grandes viajes nocturnos
cuando las aves eran las portadoras del tiempo.
Entonces invoqué: tus promesas, tus besos;
los paseos en el parque bajo el sol de noviembre,
las largas travesías al fondo de la noche,
los retornos felices a los días de mi infancia.
A la hora del bosque robaba tu sonrisa
cuando los grandes árboles retaban las estrellas.
¿Recuerdas? Era el tiempo de nuestra adolescencia
y estábamos signados de inocentes presagios.
Ahora la distancia me consume en historias,
en cartas empolvadas de relatos antiguos
que suelo contemplar a solas con la noche.
...
HELEN
Cuando el sol ha madurado
y las esbeltas mujeres están teñidas de oro
y los pájaros dejan silbidos de tristeza,
entonces, Helen, no me queda otro pensamiento sino en ti.
Helen, la joven muerta en el desfile de los primeros vientos del invierno
y en el instante en que sobre las altas colinas rezaban los pájaros de octubre.
Helen, capaz de formar con el sol y la lluvia los más bellos dibujos infantiles,
de raptarse las nubes
y tender el arco iris sobre el mar.
Su manto de nostalgia cubría todos los rincones de la tierra,
golpeaba a las parejas de enamorados en los parques,
anunciaba suntuosamente las maravillas del sur,
erguida, como las aves que cruzan el horizonte y sonríen ante los extraños cielos.
Ahora, Helen, en medio de esta soledad que huele a sangre,
no me queda otro pensamiento sino en ti.
Pienso tanto.
En tu boca de paloma desangrada,
en tus ojos que hablaban con profunda timidez,
en tu talle de flor adolescente.
Pienso tanto, Helen, que quisiera cubrirme con el manto de nuestros antiguos tiempos.
....
ANIVERSARIOS
He cumplido tantos años
que cargo siglos sobre mis espaldas.
Me da tristeza recordar estos aniversarios, pues mi corazón en cualquier momento se paralizará como el de aquel robusto caballo que murió el verano pasado.
He cumplido tantos años, que guardo el esplendor y el ocaso de la vida,
la nostalgia y la alegría de este efímero tránsito frente al alba y las estrellas.
Sin embargo tengo a Helen y Alix, testimonios melancólicos adheridos como costras milenarias.
Helen, la pequeña adolescente, muerta cuando llegaban los primeros vientos del invierno.
Alix, el amor que siempre me acompaña aún en las soledades infernales.
He cumplido tantos años
que sólo me resta guarecerme en las memorias y en las hebras de la infancia,
asistiendo en estos aniversarios a mis propios funerales.
...
ETERNA SOLEDAD
Sólo los muertos están en la soledad, tristes y olorosos a polvo,
en medio de un jardín antiguo cubierto de leyendas.
Sólo ellos están escuchando la amarga canción del tiempo
mientras en la tierra transcurre amor, nostalgia, ausencia.
La lluvia nos trae sus rostros dulces y lejanos,
perdidos en la memoria, en la distancia de los días,
esos muertos misteriosos que nos rodean:
muertos afables, hundidos en el silencio de las cosas.
Estamos en la tierra, estamos en el cielo, estamos en el tiempo.
Estamos penetrando a cada instante al reino de los muertos.
Somos los hombres que echamos una mirada al pasado,
allí donde el oleaje escribió bellas historias,
allí donde el corazón fue amor, paz;
donde únicamente hubo ternura para conquistar al mundo.
Ellos fueron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos.
Había resplandor y nostalgia en sus ojos,
Los muertos que duermen olorosos a polvo,
ocultos en la ciudad de la tristeza.
Como homenaje tierno hay una canción hermosa,
el réquiem del silencio en nieblas melancólicas,
el brindis del insomnio atrapando sus voces,
los muertos solitarios olorosos a polvo.
Buy This Book
As an Amazon Associate and Bookshop.org affiliate, BookOrb earns from qualifying purchases.
Write a Review
Sign in to write a review.